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Devocionales

REFLEJOS

By 12 noviembre, 2012 No Comments
Analizar la actualidad con la Biblia en la mano nos ayuda a entender el complejo mundo en el que vivimos.
Desentramar los complejos y contradictorios mensajes que llueven sobre nosotros desde todos los ángulos es la clave para poder marchar en el rumbo correcto, el de la victoria, sin desvíos que nos lleven a precipicios infames…
Reconocer la voz de Jesús en medio del griterío que aturde en el valle es la llave que abre la puerta del entendimiento de los tiempos.
Hace muchos años, en la iglesia de La Boca, donde conocí al Señor, sorprendido vi a un parroquiano llamado Leonel, quien arrodillado ante el altar y borracho, imploraba: “Señor, dame fuerzas para matar a Gabriel…”. Gabriel era otro “pillo” que seguramente alguna trapisonda le había hecho al consagrado agresor.
El lunes previo a las elecciones en los EEUU, vi en CNN en español, en el programa del presentador Cala, donde el periodista Andrés Oppenheimer analizaba los resultados de las encuestas de último momento: 48% para el presidente Obama y para el candidato republicano Mitt Romne. La cadena de noticias se esforzaba por difundir la paridad por medio de un zócalo permanente en la pantalla y la repetición cada dos frases de los periodistas que estaban en el aire.
Sin embargo, llamó mi atención los desmesurados elogios de Oppenheimer sobre Barack Obama. Mayor fue mi sorpresa cuando este periodista, claramente identificado con los sectores más conservadores, dijo: “debemos analizar porqué el partido republicano –el  más conservador– atemoriza a los ciudadanos de los EEUU”…
Atribuyó dicho miedo a la postura belicista, la política de expulsión de inmigrantes y la cerrada tendencia a beneficiar a las clases económicamente altas en desmedro de la clase media y de los pobres por medio de políticas impositivas y sociales.
Recordé los mensajes de muchos pastores, evangelistas, cantantes, representantes del mundo evangélico en los EEUU, quienes otrora apoyaron a George Bush y ahora hicieron lo propio con Mitt Romney, buscando la forma de explicar cómo la iglesia evangélica apoyaba a un mormón en lugar de hacerlo con un evangélico confeso como el presidente Obama. El caso más impactante: el ilustre evangelista Billy Graham, tras entrevistarse con el candidato republicano, declaró que “haría todo lo posible para ayudar” y, paso seguido, eliminó al mormonismo de la lista de sectas heréticas en su prestigiosa asociación.
Reflexionando sobre el pensamiento de Oppenheimer, si el pueblo de los EEUU teme al partido republicano, teme al liderazgo de la iglesia evangélica que lo apoyó.
El pueblo, la gente, le teme a la iglesia…
Medité mucho en estas semanas sobre la oración de Leonel: pedir el favor de Dios para dañar a otros… para las guerras santas…
Me sorprenden argumentos de célebres personalidades evangélicas que cambian sus pensamientos y creencias aceptando herejías con el único fin de promocionar candidatos políticos que prometen emprender nuevas cruzadas, las mismas que tiempo atrás avalaran con sus oraciones públicas.
Aguzando la meditación, recordé el invierno de 1982 en medio de la guerra de Malvinas. En un servicio de domingo, en el mismo templo donde Leonel realizó su brutal oración, el pueblo alababa con algarabía. Dirigiendo el culto, aproveché el momento de mayor euforia para preguntar: “¿qué sucedería si un inglés entra en el templo y se para en medio nuestro en este momento?” La respuesta muda, junto a cómplices risitas, debelaban la manipulación de la cual el pueblo era víctima que generaba solo malas intenciones. La exhortación fue clara: “cuidado con las marchas militares que nos saturan por medio de la radio y la TV… festejamos cuando se hunde un barco inglés, olvidándonos que en él hay personas. Recordemos que la Biblia sigue diciendo ´NO MATARÁS`. Nosotros, somos hijos de paz.”
¿Cuál es nuestra oración hoy? ¿Dónde estamos situados?
Las grandes cadenas de medios de los EEUU apoyaron a Romney, el liderazgo evangélico también, pero el pueblo se inclinó por Obama…
Cuando las oraciones se tiñen de ideologías las profecías salen torcidas.
La pregunta de Dios taladra el alma: ¿No habéis visto visión vana, y no habéis dicho adivinación mentirosa, pues que decís: Dijo Jehová, no habiendo yo hablado?” Ezequiel 13.7
Es hora de mirar múltiples reflejos y meditar profundamente, doblar las rodillas y ayunar para poder oír la voz de Dios y así saber dónde quiere el Señor pararnos y qué mensaje anhela que prediquemos.
Dios y el pueblo nos están esperando.
Así, solo así, podremos estar a salvo de desvaríos y firmes en la brecha en estos tiempos finales en los cuales la iglesia sudamericana ocupará un lugar fundamental en el último y gran avivamiento, para enviar misioneros a todas partes del mundo y realizar la gran comisión dada por Jesús. Estar atentos, dejar las modas y las ideologías impuestas por los medios de comunicación, para volver al evangelio puro de Jesús expresado en el Sermón del Monte y así madurar, tal como lo propone San Pablo: “… para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo”. Efesios 4.14-15
Observarnos en espejos distantes nos ayuda a ver cómo nos ven, para entonces meditar si esta es la imagen que refleja a Cristo. Preguntarnos si Él defendería las mismas causas, o si simplemente, representamos aquello que concuerda con los espacios que queremos ocupar en nuestra sociedad.
Meditaba en la etapa final de la vida y el ministerio de San Pablo, narrados en Hechos, capítulos 21 y 22.
A través del Espíritu, los hermanos le decían a Pablo que no subiera a Jerusalén (21.4). Llegados a Cesarea, fueron a la casa del evangelista Felipe quien tenía cuatro hijas que profetizaban y, como si fuera poco, había arribado desde Judea, Agabo, el profeta, quien tomando el cinto de Pablo se ató dramatizando su profecía sobre el dueño de la prenda:“así será llevado y entregado a extranjeros”. Pablo, entristecido, pidió que no siguiesen anunciando lo que él sabía que le iba a suceder, ya que él estaba dispuesto a morir por el evangelio. (21.8-14)
Llegado a Jerusalén, testificó a los hermanos de todas las maravillas entre los gentiles. Ellos le advirtieron del malestar de los judíos en su contra y le sugirieron que se sumara a cuatro hermanos que debían cumplir el rito de la purificación, pagando para que rasuraran las cabezas de todos a fin de mostrar su religiosidad y ahuyentar las razones de las amenazas que se cernían contra él. (21.17-24)
Así lo hizo (21.26), pero los judíos alborotaron a toda la multitud (21.27) montando sobre Pablo una fenomenal campaña de difamación, poniendo a un pueblo que no lo conocía en su contra (21.28-36). Por los comentarios, el tribuno llegó a confundirlo con un terrorista egipcio que marchaba al frente de un ejército de 4000 sicarios (21.37-39).
Pablo, testificó con valor ante la multitud contando su encuentro con Jesús (22.1-21), pero la multitud, azuzada por los agitadores judíos, pidió su muerte (22.22-23).
El tribuno mandó a Pablo a la fortaleza para “examinarlo con azotes”, a fin de que confesara la razón por la cual los judíos lo odiaban… (22.24). Él los dejó avanzar y, cuando lo hubieron atado, comunicó que era ciudadano romano, razón que lo libró de la tortura (22.25-29).
El reflejo de este pasaje sobre nuestro tiempo estremece.
Pablo, avisado por las profecías luego hechas realidad, sufre la presión de un ataque terrible operado por la dirigencia religiosa judía. Su único pecado fue predicar el evangelio y abrir los ojos a la gente por medio de las enseñanzas de Jesús llenas de amor y justicia para la liberación de un pueblo que padecía opresiones espirituales, sociales, económicas y políticas.
Impacta ver a la multitud engañada por la acción de los dueños del poder.
Conmociona leer cómo la tortura del inocente estaba legalizada e instalada en la sociedad, a la vez que la diferencia de ciudadanías era terrible: unas respetadas y otras ultrajadas.
¿Cuál es el precio actual para obtener la ciudadanía del Imperio Romano?

Analizar la realidad con la Biblia en una mano y el periódico en la otra, como decía el teólogo Karl Barth, se transforma en una brújula que nos orienta en estos difíciles tiempos finales en los cuales todos los gatos son pardos, cuando a lo malo se le dice bueno y a lo bueno, malo.
Los tiempos cambian, pero la palabra de Dios siempre es actual.
Nada mejor para entender nuestros días que reflejarnos en los acontecimientos de Pablo en Jerusalén.
La historia vuelve a repetirse…
Guillermo Prein
Pastor fundador del
Centro Cristiano Nueva Vida