Carla y Mika1 llegaron a Garde Guérin, un pueblito francés tan pequeño como su bodeguita multifacética donde es posible comprar desde pan, vino, harina, miel o mermelada, hasta ropa tejida y libros. En medio de tan variada oferta, encontraron un tesoro escondido: un libro con una intensa tapa roja y la blanca cruz de los hugonotes 2 que prevalece sobre una pequeña esvástica negra. Su título impacta: Résister voix protestantes (Resistencia, voces protestantes); su autor, el historiador Patrick Cabanel, plasma en sus páginas las voces de pastores que, desde el primer momento, resistieron a la invasión nazi. Documentos imprescindibles para desenmarañar nuestra actualidad.

En tiempos de imperios prepotentes, bueno es mirar por el espejo retrovisor y desarrollar historicidad. Para ello, te invito a sentarnos en los bancos de una iglesia de un pequeño pueblo del sur francés, para escuchar qué tienen para decirnos, desde hace ochenta y cinco años, dos pastores rebeldes.

CONTEXTO HISTÓRICO
El 17 de junio de 1940, el mariscal Pétain anunció el pedido de armisticio con el cual, cinco días después, se rendía ante el Tercer Reich, el imperio encabezado por Adolfo Hitler. Occidente se debatía entre quienes veían con agrado el anticomunismo del führer y aquellas y aquellos que discernían la ferocidad de su totalitarismo.

Pétain, francés y colaboracionista de los invasores, estuvo al frente del Régimen de Vichy que, desde ese momento, sojuzgó Francia. Dos días antes de la firma del armisticio, el cardenal católico romano Maurice Feltin, acólito del mariscal, en plena concordancia con Eugenio Pacelli, quien fue Nuncio Apostólico en Alemania durante el desarrollo del nazismo y, tras una sola fumata, desde 1939 se convirtió en el papa Pio XII, pronunció un discurso llamando al pueblo a la humillación que inducía al sometimiento. 

Tras la firma del documento en la clairière de Rethondes, con un mensaje radial desde Burdeos, el pastor Marc Boegner, presidente de la Federación Protestante Francesa, unificó su discurso con el del prelado romano.

Boegner admiraba a Pétain por sus convicciones contra el alcoholismo, el divorcio, sus posturas pro familia y la rígida moral pública, en especial apuntada contra la juventud. Su fuerte sesgo puritano obnubilaba al legalismo evangelical, cegándolos para no advertir la violencia de la impiedad que asechaba.
Fue entonces cuando dos pastores del sur francés, André Trocmé y Édouard Theis, se levantaron, en santa rebelión, para traer luz en medio de aquellas tinieblas.

EL MENSAJE
“Humillémonos todos por la parte de responsabilidad que tenemos en la catástrofe general. Humillémonos por las faltas que hemos cometido y por las que hemos permitido, por nuestra dejadez, por nuestra falta de valentía que hizo imposible enderezarnos ante las tempestades que nos amenazaban, por nuestra falta de amor ante los sufrimientos de los demás. Por nuestra falta de fe en Dios y nuestra idolatría de la riqueza y la fuerza, por todos los sentimientos indignos de Cristo que hemos tolerado o mantenido en nuestros corazones. 

Primeramente, evitemos confundir humillación y desaliento, y dejemos de pensar y difundir a nuestro alrededor que todo esta perdido. No es cierto que todo esta perdido. 
La verdad evangélica no se ha perdido… (el amor por el prójimo)
La Palabra de Dios no se ha perdido, y en ella se encuentran todas las promesas y todas las posibilidades de levantamiento para nosotros, para nuestro pueblo, y para la iglesia. 
La fe no se ha perdido: la humillación verdadera no debilita la fe, sino que lleva a una fe más profunda en Dios, a una voluntad más ardiente de servirlo. 

En segundo lugar, guardémonos de humillarnos… en un espíritu de amargura mezclado con rencor. No creemos que tal humillación sea fecunda ni pueda preparar la reconstrucción de nuestro país y de la iglesia. 


En tercer lugar, humillando nuestros corazones, no humillemos nuestra fe y nuestras convicciones fundadas en el Evangelio. 

Humillarse no es plegarse delante de la doctrina totalitaria. Estamos convencidos de que el poder de esta doctrina es comparable a la autoridad de la Bestia, que esta descrita en el capítulo 18 del Apocalipsis. Esta doctrina no es otra cosa que el anticristianismo. Humillarse por sus pecados no es lo mismo que rendirse ahora delante de esta doctrina. Es dando nuestras vidas a Jesucristo, al servicio de su Evangelio y de su iglesia que seremos fieles y verdaderamente humildes. 

Finalmente, comprendamos que el retorno de la obediencia nos obliga a rupturas, rupturas con el mundo, rupturas con la manera de vivir que habíamos aceptado hasta ahora. 

Amar, perdonar y hacer el bien a nuestros adversarios es un deber. Pero hay que hacerlo sin abdicar, sin servidumbre, sin cobardía. Resistiremos cuando nuestros adversarios intenten obligarnos a obedecer órdenes contrarias al Evangelio. Lo haremos sin temor y también sin orgullo ni odio. Pero esta resistencia moral no es posible sin romper con las esclavitudes interiores que nos dominan desde hace tiempo.”

SANTOS CHAMBONES
André y Edouard predicaron este mensaje ante su congregación en Chambon dur Lignon.
No se cuál será su gentilicio, pero se me ocurre que chambón se amolda a la perfección. 

Recuero mi paso por las aulas del querido Otto Krause, donde fui recibido por una extraordinaria profesora de dibujo técnico, la famosa Polti, creadora de cuadernos de caligrafía. Ante nuestros yerros, sabía decirnos: “chambón a la violeta…”, dando a entender nuestra poca habilidad en cualquier arte o facultad, tal como reza la definición de esa arcaica expresión.

Redimamos aquel adjetivo para que exprese el valor con el que André y su esposa Magda, que junto con la colaboración de Edouard, predicaron este mensaje ante su congregación en un pequeño pueblo de poco más de 2.500 habitantes, transformándolo en un faro para la liberación de muchos sentenciados a los campos de concentración y la de Francia en su totalidad. 

El pastor Marc Boegner, finalmente, se unió a los pastores de Chambon sur Lignon, organizando en 1942 redes clandestinas que escondieron a las víctimas del nazismo.

André Trocmé, quien escribió La resistencia Protestante: fundamento de la reconstrucción, nos interpela para examinar nuestros pensamientos y sentimientos que se expresan en los apoyos que realizamos con nuestras decisiones que, en muchos casos, sucumben ante la seducción de la ambición y el poder, en un desenfrenado por amor al dinero, que siempre nos termina hundiendo en la miseria social, al no amar a nuestro prójimo, e incluso, en la ruina económica.

Seamos chambones, resistamos con todas nuestras fuerzas liberando a los oprimidos, convirtiendo a los extraviados y generando las condiciones de amor para reconstruir la vida.

  1. Carla y Michael Cano, pastores del Centro Cristiano Nueva Vida en Marsella, Francia ↩︎
  2. Hugonotes: Protestantes franceses que en los siglos XVI y XVII fueron perseguidos y masacrados por su fe. Experimentaban la glosolalia (hablar en leguas) por lo cual podemos considerarlos proto-pentecostales. ↩︎